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Dam

Dam (9)

Dam, el nombre de esta plaza, centro neurálgico de la ciudad, se traduce como “dique”, y proviene de la antigua función que ejercía en 1270, cuando se construyó.

Se trataba de un dique de contención en el curso del canal Amstel, con el objetivo de paliar las inundaciones que provocaban a menudo las violentas tormentas del norte. Curiosamente, y ahora que sabes el significado de la palabra Dam, podrás deducir que Amsterdam es la derivación de “dique sobre el Amstel”. 

El Dam es un foro permanente alrededor del cual se encuentran los lugares que marcan el centro de la ciudad: la Nieuwe Kerk o Iglesia Nueva, el Palacio Real y, un poco más alejada, la Bolsa. 

Por ello, en esta plaza llena de palomas, te vas a encontrar con centenares de turistas que posan ante los monumentos más significativos de la ciudad, y otros tantos que despliegan sus mapas intentando orientarse hacia alguna de las múltiples calles que desembocan, cruzan o nacen en el Dam. Por esta misma razón, la plaza no solamente está llena de visitantes extranjeros, sino también de locales, que cruzan con sus bolsas de la compra, sus maletines o que, en algunos casos, se paran, amables, a ayudar a los que se han extraviado. 

En la Edad Media, esta plaza rectangular formaba la primera conexión entre los asentamientos de los dos lados del Amstel, y en ella se celebraba el mercado central, donde se hacían todo tipo de transacciones comerciales. 

La plaza se fue convirtiendo, poco a poco, en el núcleo clave de la ciudad, no solamente por su actividad comercial sino porque, con los años, aquí se instauró el ayuntamiento de la ciudad, que más tarde se convirtió en Palacio Real. 

Y como auténtico corazón de la ciudad, no podía faltarle el ser el centro de varias revueltas y actos políticos. Si en los últimos años lo que se celebra en el Dam son las ferias del libro, o la apacible kermés de la Liberación, durante los 70 los protagonistas fueron los activistas contra la guerra de Vietnam, o los jóvenes que pasaban la noche en la plaza, llamados damslapers, y que se enfrentaron a la policía. 

También en esta época se produjeron altercados entre la policía y los llamados provos. Se trataba del primer movimiento radical de la sociedad holandesa, nacido en los años 60. Eran agitadores modernos, jóvenes contestatarios, provocadores decididos a terminar con el orden establecido. 

Las revueltas populares de principios de 1918 y de 1934, debidas a la carestía de patatas y a la reducción de los subsidios por desempleo, también tuvieron como telón de fondo el Dam. Del mismo modo que la plaza fue el escenario en 1628 de la revuelta de los tripulantes de la “flota de la plata”, que habían arrebatado un gran botín a navíos españoles y querían recuperar su parte. 

Es imposible que no tengas suficiente con la iglesia, el palacio, el ambiente, las palomas y toda la historia de esta plaza, pero aun así, hay un par más de atracciones que puedes visitar en el Dam. Muy cerca, al lado de Nieuwe Kerk, se encuentra el museo de la cera Madame Tussaud, y justo en el lado opuesto del Palacio Real, se erige un Monumento Nacional. 

Es un obelisco de mármol de 22 metros de altura, levantado en honor a los soldados caídos en la Segunda Guerra Mundial. Además, si te interesan las curiosidades, en su interior se conservan urnas con tierra de distintas provincias holandesas. 

Con todo esto, el Dam es un auténtico protagonista de Amsterdam, y no solamente porque la salvara, en su momento, de las terribles inundaciones. La pintura holandesa ha inmortalizado en innumerables ocasiones esta espectacular plaza, centro de la vida de la ciudad, y vestigio, aún hoy en día, del esplendoroso pasado holandés. Además, no podemos decirte “no te lo pierdas” porque, hagas lo que hagas, el Dam va a encontrarse en tu camino.

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