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Academia, Universidad y Biblioteca Nacional

Academia, Universidad y Biblioteca Nacional (46)

Puede que, al llegar a Atenas vengas con la idea preconcebida de encontrarte una ciudad con un inmenso legado artístico basado únicamente en los vestigios arqueológicos de su Edad de Oro Clásica, durante la Antigüedad. Pero lo cierto, es que hay mucho más. No estamos hablando de las capillas e iglesias bizantinas que aparecen, de repente, en la capital, ni de algunas de las mezquitas herencia de la dominación turca. Nada de eso. Es uno de los estilos arquitectónicos que más ha cultivado la ciudad: el neoclásico. Y es que, ¿cómo evitar que la civilización que fue la cuna del clasicismo vuelva a sus orígenes siglos más tarde?

Durante el siglo 19 se forjó y cultivó con fuerza este estilo arquitectónico, en especial con la creación del Estado Moderno Griego, que consolidó a Atenas como capital. De repente, la ciudad tradicional se ennobleció con avenidas arboladas y grandes paseos en los que se iban edificando, a un ritmo vertiginoso, residencias y mansiones neoclásicas. Grandes columnatas, esculturas y decoraciones en mármol, en definitiva, los grandes logros de la Grecia antigua fueron los que cultivaron arquitectos de la época como Ernst Ziller o los hermanos Christian y Theophil Hansen. 

En este contexto, son muchos los edificios con los que la ciudad te regala bellos retratos neoclásicos, pero si lo que quieres es conocer los grandes éxitos, no puedes perderte la Academia de las Ciencias y las Artes de Atenas, la Universidad y la Biblioteca Nacional. Si piensas, de repente, que después de subir colinas, visitar museos y caminar entre ruinas en la Acrópolis, tres edificios son demasiado para tus piernas, te encantará saber que los tres se ubican en la misma Avenida Venizelou. 

Subiendo desde la plaza Syntagma hacia la plaza Omonia, la Academia de Atenas es el primero de los tres edificios que te encuentras de la renombrada Trilogía Neoclásica. Una nave principal, con una impresionante columnata jónica, y dos alas laterales están conectados por un corredor. El clasicismo que recupera la construcción, alzada entre 1859 y 1885, es más cercano al de la arquitectura romana que la griega, aunque posee en su fachada esculturas de los dioses Apolo y Atenea, así como de los reputados filósofos Sócrates y Platón. En el vestíbulo de su interior hay unos magníficos frescos que representan escenas del mito de Prometeo.

Si Teophil Hansen fue el arquitecto de la Academia, su hermano Christian se encargó de alzar la Universidad de Atenas. Este centro del saber, en el que el que el cultivo del intelecto era la actividad predominante, luce un friso que hace, precisamente, alarde de ello. En él, se representa al rey Otón, con quien el Estado Griego Moderno vivió el resurgir de las ciencias y las artes, rodeado de las musas. Fíjate también, en la esfinge, símbolo de sabiduría. La columnata jónica, quizá menos imponente que la de su vecina, la Academia de Atenas, es un elemento que no podía faltar en este edificio neoclásico.

Por último, la Biblioteca Nacional aguarda como un tercer tesoro en la Avenida Venizelou. Un espléndido edificio, obra también del arquitecto danés Teophil Hansen en 1887. Realizado en  mármol pentélico, verás una columnata dórica en la entrada, al final de una monumental escalinata. Una elegante sala de lectura rodeada, en esta ocasión, por columnas jónicas, alberga más de medio millón de libros, manuscritos y primeras ediciones antiguas.

No pierdas ocasión de realizar este valioso recorrido, entre la monumentalidad clásica que aquí se exhibe. Te encuentras ante la esencia de la Antigüedad, y no sólo en las formas, sino también en su interior. El cultivo de la filosofía, las ciencias y las artes se mantienen vivos en estos auténticos templos del saber.

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