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Puerta Beulé

Puerta Beulé (7)

La actual puerta de entrada a la Acrópolis pasó siglos enterrada bajo el polvo, olvidada, esperando ser descubierta y reconocida debidamente. El mismo arqueólogo que la descubrió en 1852, el francés Ernest Beulé, le dio el nombre con la que es conocida todavía en la actualidad. 

Construida en el 267 d.C, casi ocho siglos más tarde que las grandes construcciones de la Acrópolis, se erigió por necesidad defensiva. Y es que en esta época, durante la dominación romana, y después de la invasión de la tribu germánica de los Herulios, surgió la necesidad de reforzar las fortificaciones y proteger el recinto sagrado. De hecho, esta puerta se abría en la muralla al oeste de los Propileos. 

Inicialmente, parece que la Puerta Beulé estaba flanqueada por dos torres rectangulares de nueve metros de altura, de las que no queda nada en la actualidad.

Los materiales que se usaron para esta construcción, básicamente el mármol, se reciclaron de edificios anteriores, en concreto de la construcción corégica de Nikias, del siglo 4 a.C., en Atenas. 

En el arquitrabe de la puerta se conserva, casi milagrosamente, una inscripción original. En ella, se identifica a Flavio Septimio Marcelino como donante del monumento. 

Al cruzar la Puerta Beulé, se despliega ante ti la gran escalinata por la que se accede a la Acrópolis, que data de la era del Emperador romano Claudio. La puerta y la escalinata son solamente un aperitivo de lo que te vas a encontrar a continuación, así que, paciencia, disfruta de la simplicidad del monumento descubierto por Beulé, porque, a partir de ahora, en tu visita por la Acrópolis, el camino es largo, y las construcciones, inmensas. 

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