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Erecteón

Erecteón (10)

La mitología impregna la historia de este edificio, el Erecteón, uno de los más impresionantes del recinto de la Acrópolis. 

Así, la leyenda dice que en el lugar en el que se erigió este original templo tuvo lugar la contienda por el dominio de la ciudad de Atenas entre la diosa Atenea y el dios Poseidón. En su disputa, Poseidón, el dios de los mares y los océanos, clavó su tridente en las rocas, dejando una marca. Con ello hizo brotar una fuente de agua salada que ofreció como presente a la ciudad de Atenas. La diosa de la sabiduría y la estrategia, Atenea, regaló a la ciudad un olivo sagrado, el primero que apareció en la ciudad. 

El rey Cécrope, mítico fundador de la estirpe real ateniense, certificó a los dioses del Olimpo el regalo de Atenea, que trajo la fecundidad a la tierra, y, por ello, la deidad fue la elegida para dar nombre a la ciudad y convertirse en su protectora.

Los tres personajes tienen o tuvieron su presencia en el templo del Erecteón que, por otra parte, recibe su nombre del rey Erecteo, en honor del cual está construido. Éste fue un rey mítico de la época micénica cuya tumba se encuentra en la parte occidental del templo, junto con la del mencionado rey Cécrope. El templo recibe, entonces, el nombre del rey mítico, y está consagrado a Atenea Polias y a Poseidón. 

El templo se alzó entre los años 421 y 406 a.C. en el emplazamiento donde, hasta el 480 a.C., se había alzado anteriormente otro templo en honor a Atenea Polias. Como en la mayoría de edificaciones de la Acrópolis, las Guerra Médicas con los persas destruyeron la construcción, y la nueva planta fue adaptada al anterior templo arcaico.

Algunas fuentes atribuyen el proyecto al arquitecto Filocles, que se encontró con el principal reto de trazar una planta en un terreno con tres metros de desnivel. En su construcción, debía aunar la integración del templo anterior, la planta en dos niveles, la incorporación de reliquias de la Acrópolis como las tumbas de los reyes o el pozo de agua salada, y debía construir, además, un templo que sirviera a distintos cultos. Sin duda, toda una hazaña que se resolvió de manera auténticamente prodigiosa. 

Las soluciones arquitectónicas que se buscaron para afrontar la construcción en estas condiciones terminaron en un edificio asimétrico con una planta de una complejidad considerable.

El templo estaba realizado en mármol pentélico, como la mayoría en la Acrópolis, pero contaba con frisos de piedra gris de Eleusias y con fundamentos realizados con piedra del Pireo.

La nave central o cella se encontraba rodeada en el este, norte y sur por pórticos. El acceso principal se realizaban por la parte este, a través de seis elegantes columnas jónicas. La parte este de esta nave estaba consagrada a la Atenea Polis, y en esta sala se alzaba una extraordinaria estatua de la diosa tallada en madera del olivo que, según el mito, regaló a la ciudad. Cada cuatro años, en la procesión de las Panateneas, las fieles cambiaban el peplo de la diosa.

Por el norte se accede a la parte oeste de la cella. El pórtico, en este lado, estaba constituido por cuatro columnas, también jónicas, en la parte frontal, y dos en las laterales. El culto aquí estaba dedicado a Poseidón Erecteo, y la cella albergaba los altares de Hefesto y Butos, hermano del rey Herecteo. En este lugar, a la izquierda de la entrada, se podían ver las marcas de la presencia de Poseidón en el templo. Tres hendiduras en la piedra, dictaba la mitología, eran el resultado del tridente del dios de los mares. Además, desde aquí se accedía al pozo de agua salada que se encontraba bajo el templo y que el dios habría regalado a la ciudad de Atenas. 

Una pequeña puerta en la nave conducía a la capilla Pándroso, dedicada a la hija del rey Cécrope. Sin embargo, uno de los lugares más admirados es el pórtico sur del edificio, al que se accedía también desde una puerta en la cella. 

Se trata del pórtico de las Cariátides, célebre a nivel mundial. Se trataba de una galería sostenida por esculturas de figuras femeninas, que sustituían a las columnas jónicas presentes en los otros pórticos. Estas estatuas, de casi dos metros y medio de altura, eran las clásicas korai griegas: rígidas y solemnes figuras femeninas, vestidas con el peplo jónico, inmóviles, con la mirada al frente, hacia el Partenón. Con el objetivo de sostener el peso del pórtico, se dispuso en la cabeza de cada una de las Cariátides un cesto que sostenía el peso del entablamento. Estas figuras recibieron el nombre de Cariátides posteriormente a su construcción. Se bautizó a las estatuas de este modo en honor a las jóvenes mujeres de Kariés, que realizaban danzas en honor a la diosa Artemisa. 

Sin embargo, si al reconocer la imagen mundialmente venerada del Pórtico de las Cariátides sientes emoción imagínate en el Museo de la Acrópolis, que es donde se encuentran las esculturas originales. Lo que está ante tus ojos son solamente unas réplicas que se colocaron en el lugar original, ya que las Cariátides auténticas sufrían en sus propias carnes, o en su propio mármol, un grave deterioro debido a la contaminación atmosférica. 

Después de su construcción, el Erecteón tuvo distintos usos, el más curioso de los cuales fue el albergar el harén de un comandante turco en el periodo otomano. Y es que quizá las bellísimas cariátides le inspiraron el uso poco sagrado del lugar. 

Sea como fuere, en la actualidad este templo es uno de los más venerados de la Acrópolis, ya que su reedificación a principios del siglo 20, después de recolectar todas las piezas repartidas en el complejo, es de una fidelidad al original realmente admirable.

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