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Jardines Nacionales (Ethnikos Kipos)

Jardines Nacionales (Ethnikos Kipos) (40)

Sólo a unos pocos metros del loco ajetreo de la Plaza Syntagma,  un agradable espacio de casi dieciséis hectáreas te aleja, de repente, del ritmo frenético de la capital para trasladarte a una esfera de calma y tranquilidad, en la que el único movimiento es el de los patos que revolotean en los estanques en busca de un pececillo. 

Puedes entrar en el Jardín, situado detrás del edificio del Vouli o Parlamento, por la calle Amalias, atravesando las puertas que se abren en la verja que rodea el parque. Aunque, no nos engañemos, no presume del esplendor de antaño, este Jardín Nacional sigue manteniendo el prestigio que adquirió cuando fue creado por órdenes de los reyes Otón y Amalia, entre 1838 y 1860. Por aquel entonces, este espacio era el jardín del Palacio Real, y era conocido, por lo tanto, con el nombre de Jardín Real. En 1923 un decreto cambió el nombre por el actual: los Jardines Nacionales. 

La reina Amalia puso todo su empeño en hacerse un jardín a su gusto y, para ello, no se privó de ningún medio. Hasta la Armada Griega estuvo empleada para conseguirle hasta quince mil semillas de todo el mundo. 

Fue el horticultor prusiano Friedrich Schmidt el encargado de diseñar las plantaciones de las casi quinientas especies de plantas que habitan este jardín: desde ejemplares propios de la zona hasta los más exóticos, traídos de todas partes del mundo. Lamentablemente, el riguroso cuidado del que disfrutaba antes esta zona verde se ha perdido, y en la actualidad, la frondosa vegetación ofrece un aspecto selvático en algunos rincones del parque. 

Aun así, no debes privarte de visitarlo, porque los senderos que atraviesan las plazoletas, que rodean los pequeños estanques, o que te conducen entre fragmentos de antiguos mosaicos romanos, te deparan pequeñas sorpresas a cada paso. 

Además de la tranquila estampa de los Jardines, aquí podrás ver los restos de un pequeño acueducto romano y un zoo algo destartalado, en el que animales desde gallos hasta ciervos habitan en variadas jaulas. Aunque, sorprendentemente, la fauna aquí no se limita a los ejemplares del zoo. Si te fijas bien, verás que una gran cantidad de pequeñas tortugas se esconden en la vegetación que nace bordeando los senderos. Sobre todo, sin embargo, es impresionante la cantidad de gatos callejeros que aquí habitan. Encima de los bancos, cruzando los caminos, observando a los patos desde la orilla de los estanques, o intentando trepar a un árbol persiguiendo un gorrión, los felinos aparecen en todos los rincones del parque, confiriéndole un aspecto de jardín de brujas. 

Las fuentes, las sillas con filigranas de los cafés, los parques infantiles, las estatuas modernas de escritores griegos, o el pequeño museo botánico son otras de las atracciones que te llamarán la atención en este lugar. 

En muchas ocasiones, es difícil encontrar un remanso de paz en mitad de las ciudades, así que aprovecha y piérdete por los caminos de los Jardines Nacionales, respira los aromas de múltiples especies, ponle nombre a los gatos que se crucen en tu camino, o siéntate a comer un pequeño picnic en uno de los bancos al lado de los mosaicos.

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