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Mercado Central (Kendriki Agora)

Mercado Central (Kendriki Agora) (27)

Bajo una estructura metálica del siglo XIX, un escenario de colores, sabores y olores indescifrables te traslada al día a día más común de los atenienses, que salen a hacer la compra con sus cestos, eligen las mejores piezas, se quejan de los precios y cargan de vuelta a casa. Aunque estos actos cotidianos parezcan poco destacables, en el mundo actual, en el que apenas hay tiempo de visitar algo más allá de la sección de congelados del supermercado, el Mercado Central de Atenas es un lugar de lo más auténtico. 

Repleto de gente durante el día, cuando los parroquianos se acercan para cargar sus carros de la compra con los productos más frescos y variados, al caer la noche la Kendriki Agora también atrae a visitantes, ya que en sus pasillos se encuentran algunas tabernas que ofrecen ágapes nocturnos. 

Pero la mayor animación la encontrarás por las mañanas, cualquier día de la semana. En la nave principal, se encuentra el mercado de la carne y el del pescado, el primero en los laterales y el segundo en la parte central. Si eres un vegetariano militante o, simplemente, algo aprensivo, te recomendamos pasar rápidamente por estos pasillos, porque el espectáculo de vísceras, cabezas o cuerpos enteros colgados de los ganchos en el techo de los puestos de venta no te resultará especialmente agradable. Sin embargo, es espectacular la gran cantidad y calidad del género. Aquí encontrarás todos los cortes de carne que se cocinan en la gastronomía griega. Las costillas aparecen alineadas como si de un collage se tratara, las tripas se apilan en las bandejas, algunas gallinas vivas revolotean dentro de las jaulas y el fuerte olor de la carne llega hasta las pituitarias más insensibles. 

En el mercado del pescado, el olor es de imaginar, y hay que ir con cuidado, porque el suelo acostumbra a estar mojado. Todos los ejemplares del Egeo son los que ofrecen los vendedores, que gritan eslóganes improvisados para atraer la atención de los posibles compradores, que caminan entre despistados y fascinados por los pasillos llenos de brillantes bombillas. 

Si la idea de los animales muertos y en bandeja no te seduce en exceso, te recomendamos, de todos modos, que te pases por la plaza anexa al mercado, donde se encuentran los puestos de frutas, verduras, flores, frutos secos, especias, quesos y aceitunas. 

Esta parte del mercado no tiene nada que envidiar al interior, y ofrece un paisaje cromático mucho más espectacular, eso sí. Productos de la tierra y otros más exóticos se pesan, se prueban y se meten en bolsas constantemente. Las tenderas, en su salsa, se convierten en improvisadas modelos, ya que el visitante no puede evitar fotografiar estas escenas a cada momento. 

Agradecerás compartir estos retazos de vida cotidiana que te regala la ciudad y si, además, estás hambriento, te recomendamos que te adentres en cualquiera de los bares y restaurantes para trabajadores que aquí se encuentran, y que sirven la auténtica cocina de mercado con los productos más frescos. 

Para los más osados y los que no temen a las calorías, una recomendación: la patsa, una sopa cocinada con entrañas de carnero o buey y pies de cordero que, aseguran, es el mejor remedio contra la resaca. ¿Algún valiente se atreve?

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