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Propileos

Propileos (8)

Tras pasar la primera entrada a la Acrópolis, la Puerta Beulé, vas a encontrarte, en seguida, con los restos de esta bella construcción que se erige como una especie de presentación a la visita de los templos que se alzan en el recinto. 

A esta imponente entrada, el único acceso occidental a la Acrópolis, se accedía a través de una escalinata monumental. Cuando decíamos que los Propileos se alzaban como presentación de lo que el visitante a presenciar a continuación, no lo decimos en sentido figurado. La advertencia es bien real. Y es que la teatralidad de la construcción, alzándose al cielo como un decorado que quiere tocar las estrellas, surgía con la intención de impresionar al visitante y que éste tomara conciencia de que estaba entrando en un lugar sagrado. 

Aunque los restos arqueológicos que hoy quedan pertenecen a la construcción de le época de Pericles, con anterioridad ya existía una construcción similar en el mismo lugar. Se trataba de la puerta de una fortificación en época micéncia. En la Grecia arcaica, en la edad de Pisístrato, también existía un primigenio propileo. Los persas aniquilaron totalmente las construcciones anteriores en el 480 a.C., y la construcción que hoy se erige, o cuyos restos hoy se erigen, fueron proyectados y construidos por el arquitecto Mnemesicles entre los años 437 y 432 a.C., después de la construcción del Partenón. A pesar de que la construcción se vio interrumpida por la Guerra del Peloponeso, el resultado fue un referente en la época.  

Como casi todo en la Acrópolis, los restos arqueológicos te darán pistas para que te hagas una imagen de lo que debió ser la construcción en su edad dorada, pero, por si acaso te cuesta echarle imaginación, te daremos una ayuda sobre sus características arquitectónicas. 

El Propilaya, en griego, está compuesto por un edificio rectangular central, de unos 13 por 25 metros, y que se encuentra dividido por un muro en dos pórticos. Cada uno de ellos cuenta con cinco puertas. Este edificio central, proyectado a modo de templo dórico, contaba con seis columnas que se alzaban hasta casi nueve metros sosteniendo un techo en color azul con estrellas doradas. 

El edificio central se encontraba, además, flanqueado por dos alas. El ala sur contaba con un pequeño pórtico con tres columnas dóricas, y se utilizaba como propileo al templo de Atenea Niké. El ala norte era la mayor de todas y se la conoce como Pinakopthíki o Pinacoteca, ya que albergaba los cuadros de los afamados Polignoto o Aglaophon, entre otros. 

Pese a que viendo las ruinas desconozcas las características exactas de la construcción, podemos decirte que el edificio nunca fue terminado, ya que los atenienses y los sacerdotes de algunos de los templos de la Acrópolis consideraron excesivos los costes para completar la obra. 

Como muchos edificios en el complejo, la historia de los Propileos ha estado llena de altercados que han contribuido a su deterioro: sufrió alteraciones durante su época como residencia del arzobispo, un rayo lo alcanzó en 1645, y fue afectado por la explosión del polvorín cuando estaba bajo dominio turco. 

Desde 1909, el edificio ha sufrido un continuado proceso de restauración, pasando por distintas manos y distintos proyectos. Pese a todo, los Propileos constituyen una destacada carta de presentación a la Acrópolis, y te ayudarán a que empieces a hacerte una idea de lo magnífico de este complejo.

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