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Psiri - La noche en el barrio de Psiri

Psiri - La noche en el barrio de Psiri (26)

Si casualmente pasas por Psiri durante el día, puede que pienses que esta recomendación está equivocada o fuera de lugar, ya que su aspecto es el de un barrio obrero sin más interés que los talleres mecánicos, en caso de que se te haya averiado el coche. 

Sin embargo, cuando llega la tarde y, sobre todo, por la noche, esta zona de Atenas da un vuelco y sus calles se llenan de locales en busca de un lugar para cenar, tomar una copa o escuchar buena música. 

El pasado de este barrio, no obstante, está relacionado con los bajos fondos de la ciudad, ya que en el pasado, y hasta hace relativamente pocos años, se lo consideraba una zona peligrosa que, en ningún caso, estaba recomendado visitar. Y menos por la noche. 

Su mala reputación se remonta al siglo 19, con la creación del moderno Estado Griego. Por aquel entonces, como suele ocurrir en la historia siempre que empieza una etapa, muchos inmigrantes de distintas islas y zonas de Grecia llegaron a la ciudad para buscarse la vida. Los que no supieron encontrar una vía para prosperar, se convirtieron en lumpen, y empezaron a cometer pequeños delitos en la zona, que se convirtió en una especie de submundo ateniense. Droga, robos, prostitución y violencia eran habituales en Psiri, causando el terror a la población obrera que allí vivía y haciendo, por supuesto, que nadie se acercara. 

Uno de los grupos que, durante más de cincuenta años, sembraron de miedo las calles de Psiri, fueron los Koutsavakides. Su estilismo podría encontrarse, hoy, en los catálogos de moda y tendencias, ya que se caracterizaba por los largos bigotes, las botas altas de punta afilada, los pantalones estrechos y amplias fajas donde escondían sus armas; además, vestían chaquetas escondiendo el brazo bajo una de sus mangas. Sin embargo, este grupo de delincuentes gobernaba literalmente el barrio, y ni siquiera la policía se atrevía con ellos. 

A finales del siglo 19, el primer ministro Harilaos Trikoupis se encargó personalmente al Inspector Dimitrios Baoraktaris que terminara con el terror de los Koutsavakides. Sus métodos fueron expeditivos, y se basaron en humillarlos eliminando todas sus señas de identidad. Así, en las detenciones les cortaban las puntas de sus botas, las mangas de las chaquetas, o les afeitaban los bigotes. En poco tiempo, los Koutsavakides habían desaparecido del mapa.

Como contrapartida, el radical estilo del Inspector, terminó también con los músicos callejeros o los enamorados que demostraban sus sentimientos en plena calle, a los cuales les hacían pasar la noche en los calabozos. 

Las “batallas de piedras” fueron también a finales del siglo 19 una seña de identidad de dudoso orgullo para Psiri. Jovencitos y adultos de barrios vecinos se reunían en estas calles para insultarse y tirarse piedras con los locales. Este poco saludable deporte entre comillas terminaba, en ocasiones, en auténticas y peligrosas batallas campales. 

Hoy, más de un siglo después, nada de esto sucede en Psiri. La música está de nuevo en sus locales y sus calles, en especial la conocida como “rempétika”. Se trata de un estilo muy propio de Grecia, y nacido, precisamente, en la rebeldía de los barrios marginales de las ciudades, como revelan sus letras de amor, exilio, dolor, pobreza e, incluso, drogas. 

Un paseo por estas calles sólo puede traerte sorpresas agradables. No debes temer por tu seguridad, porque Psiri es hoy un buen barrio, al que peregrinan los más modernos de la ciudad, buscando estilosos locales de copas, pubs con música en vivo, y restaurantes de diseño de múltiples nacionalidades. Por la tarde, cafés y galerías de arte se disputan a los visitantes que, por qué no, pueden combinar los dos planes, a la vez que escuchan las melodías de los músicos callejeros. 

Si estás cansado de los platos de moussaka precocinados de los sitios turísticos, de las tiendas de souvenirs y de los sirtakis sonando en el hilo musical a toda hora, este barrio te encantará. Con cierto sabor a los bajos fondos de antaño, Psiri equilibra la estampa con un animado ambiente de ocio, en el que lo más “in” de la capital se encuentra como pez en el agua.

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