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Templo de Zeus Olímpico

Templo de Zeus Olímpico (41)

El Stíles Olympiou Díos, u Olimpeion, como es también conocido, es un claro ejemplo de las obras de magnitudes colosales que se encargaban en las antiguas civilizaciones, que parecían no comulgar demasiado con la idea contemporánea del “menos es más”. Es más, este colosal templo, del que tan sólo quedan unas cuantas columnas en pie, fue el más grande de Grecia cuando se terminó definitivamente en el año 130 d.C., incluso sobrepasando al Partenón.

El camino hasta su levantamiento total no fue fácil ni corto. Si eres de los que piensa que las obras de tu calle son interminables, espera a saber que el Templo de Zeus Olímpico tardó alrededor de 650 años en construirse. ¿A que lo tuyo ya no te parece tan grave?

Fue en época de Pisístratos, hacia el 550 a.C., cuando el tirano mandó erigir este templo en honor al Zeus, el dios de todos los dioses, en un intento de ganarse el aprecio de los atenienses. Sus dimensiones, por entonces, eran de unos treinta por sesenta metros. Fueron sus hijos, Hiparco e Hipias, los que heredaron el proyecto. La ambición por una construcción espectacular los llevó a levantar una columnata doble, pero esta empresa quedó de nuevo inconclusa cuando Hipias fue derrocado del poder a finales del siglo 6 a.C. 

Este parón no significó una breve pausa en la construcción, sino que pasaron más de tres siglos hasta que en el año 175 a.C. cuando, en periodo de dominación macedonia, llegó el rey Antioco 4º de Siria y buscó un arquitecto para terminar el proyecto. El nombre elegido fue el de Cossitius, que recibió el encargo de construir el templo más grande en el mundo conocido. 

De nuevo, a la muerte del rey Antioco IV, las obras se paralizaron durante un tiempo extraordinario, ya que fue el emperador romano Adriano, un admirador de Grecia y de todo lo que ella significaba, el que, en el siglo II d.C. reanudó y terminó definitivamente las obras, consagrando el templo a Zeus Olímpico durante el Festival Panhelénico del 132 d.C. 

Adriano levantó una colosal estatua de Zeus con incrustaciones de oro y mármol y, a su lado, levantó una equivalente estatua suya. Lamentablemente, ninguna de las dos consiguieron superar el paso de los años. 

Un total de 104 columnas dóricas de 17 metros de altura, fueron las que poseyó el Olimpeion de Adriano, repartidas entre los 96 metros de largo por los 40 metros de ancho. Cuarenta años más tarde un arquitecto romano las completó con capiteles corintios. 

Hablamos en pasado de las columnas que poseyó el templo porque, en la actualidad, solamente quedan en pie quince de ellas. Sin embargo, delante de su monumentalidad, puedes hacerte una idea de lo extraordinariamente gigante que debió de ser el Templo de Zeus Olímpico. 

En el año 1852, durante una tormenta, una de las columnas que quedaban en pie, se derrumbó de forma espectacular, sin afectar al resto del conjunto. Desde entonces, esta columna, la número 16 de las que quedan, se mantiene en el lugar. 

Para tu visita te recomendamos especialmente el amanecer, ya que la incidencia del sol sobre las columnas es una imagen realmente impresionante. El paisajista británico Turner quedó prendado de esta imagen, que inspiró alguna de sus obras. Este templo habla por si solo: arte que inspira el arte. No te lo pierdas.

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Templo de Zeus Olímpico

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