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Plaza Syndagma y el Cambio de Guardia

Plaza Syndagma y el Cambio de Guardia (39)

En casi todas las ciudades del mundo existe una plaza que es el punto cardinal de referencia de la ciudad. Probablemente, cuando pienses en Atenas, tu imaginación te lleve a las ruinas de la Acrópolis, a los teatros o a los pintorescos barrios tradicionales, pero la Plaza Syntagma, alejada totalmente de la Grecia de túnicas y filósofos que todos tenemos en mente, es el auténtico corazón de la ciudad. 

Éste será, con seguridad, el primer lugar que conozcas de Atenas cuando la visites por primera vez. Y es que taxis y autobuses que llegan de todos los destinos, parten y arriban aquí. Por ello, y porque desde aquí se accede a todas las partes de la ciudad, la Plaza Syntagma es un auténtico caos de tráfico y ruido. Si has oído hablar alguna vez del descontrol y el terrible tráfico de la capital griega, probablemente hayas imaginado un lugar como éste. Con ello, la plaza tiene algo especial que la hace atractiva, y no son precisamente los cientos de palomas que la copan. Quizá sea un punto de decadencia moderna, o un pie puesto en un pasado reciente o puede que sea, simplemente, el ajetreado ritmo que aquí se respira, tan distinto del silencio de las ruinas de otros rincones de la ciudad. Lo que es seguro es que esta plaza te mueve algo por dentro, ya que por fuera todo se mueve.

En la misma plaza y en sus alrededores se reúne una gran cantidad de centros oficiales, quioscos que venden prensa internacional, bancos y agencias de cambio, despachos de empresas nacionales y multinacionales, oficinas de correos y un centro de información turística. 

No creas que en esta plaza sólo vas a encontrarte con turistas, ya que es el centro neurálgico también para los atenienses. Aquí empieza la calle Ermou, una de las principales vías comerciales de la ciudad. Pero es que también hay que pasar por Syntagma para dirigirse, por un lado, a las grandes avenidas hacia Omonia, por el otro, hacia el tradicional barrio de Plaka, y por un tercero, en dirección al Olimpeion. 

Son varios los edificios a destacar en Sintagma. 

Por un lado, te llamarán la atención, probablemente, los vehículos de lujo y los tipos gigantescos que aguardan en la puerta del Hotel Grande Bretagne. Pues esos tipos, probablemente, sean guardaespaldas, ya que te encuentras ante uno de los hoteles más distinguidos y aristocráticos de la ciudad. Personalidades como Liz Taylor, Richard Strauss o Winston Churchill se han alojado aquí, divisando el esplendor de la plaza desde los balcones de forja de sus habitaciones. Sin embargo, es difícil que al británico Churchill le quedara un buen recuerdo de su paso por Atenas y por Syntagma en concreto, ya que aquí, en época de la Segunda Guerra Mundial, atentaron, sin fortuna, contra su vida. 

En segundo lugar, es necesario destacar el edificio del Parlamento, el antiguo Palacio Real. Se trata de un edificio neoclásico proyectado por el arquitecto Friedrich von Gärtner entre 1836 y 1842. Con más de 115 metros de fachada, este inmenso edificio fue la residencia oficial de los reyes Otón y Jorge I, hasta que, en el año 1935, se trasladaron al conocido como Palacio del Príncipe. Desde aquel año, esta construcción alberga el Parlamento Griego. 

Por último, un curioso monumento se erige en la parte norte de Syntagma. Se trata de la Tumba al Soldado Desconocido. En ella, un relieve muestra a un soldado moribundo, y varias inscripciones de la oración fúnebre de Pericles aparecen esculpidas. Inaugurada el Día de la Independencia (25 de marzo) de 1932, desde entonces tiene encendida una llama que nunca se apaga y está custodiada por dos évzones, miembros de la Guardia Nacional. 

Y con ellos llega la mayor atracción turística de la ciudad, el casi “espectáculo” del Cambio de Guardia. Como en el caso del Palacio de Buckingham de Londres, en Atenas la Guardia Nacional realiza su propio cambio de guardia, con toda una parafernalia que hace enloquecer a los turistas, que queman las tarjetas digitales de sus cámaras inmortalizando cada momento en una instantánea. 

Ataviados con falda y zuecos, los guardias aguardan impertérritos en formación delante del despliegue de medios del que hacen alarde los visitantes. Cámaras de fotos, videográficas y teleobjetivos de miedo salen a la luz cuando empiezan a sonar los primeros acordes musicales, sobre las once menos cuarto de la mañana. Durante la semana, se lanza la música por megafonía, pero los domingos, la Guardia Nacional se acompaña de una gran banda de música que toca en vivo. 

Coreográficamente hablando, el cambio y el posterior desfile es lento y exagerado, y no deja a nadie indiferente. Y es que este acto tan particular es una de las señas de identidad de la ciudad, y encandila tanto a los mayores como a los más menudos.

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