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Museo Bizantino

Museo Bizantino (36)

El Museo Bizantino es una cita indispensable para conocer la importante huella que dejó este estilo en la ciudad. 

Su ubicación es inmejorable, ya que se encuentra apartado en la preciosa mansión Villa Ilissia, inspirada en el Renacimiento Italiano y que, pese a ser un oasis de tranquilidad, se encuentra muy cerca de la concurrida y agitada calle de Vassilissis Sofias.

Villa Ilissia fue construida entre 1840 y 1848 por Stamátis Kleántis. No fue hasta bien entrado el siglo 20, en 1930 cuando esta elegante villa se convirtió en museo. 

No creas que esto sucedió de un día para otro, sino que se llevaron a cabo unas obras de considerable importancia para adecuar el espacio. Así, mano a mano, el arquitecto Aristotélis Zachos y el coleccionista Geórgious Sotiríou abrieron un imponente patio en la entrada, en el que colocaron la copia de una fuente del Monasterio de Dafne, en los alrededores de Atenas. El museo creció alrededor de este patio, con impresionantes colecciones de estatuas, bajorrelieves, iconos, vestuario religioso, ornamentaciones y frescos bizantinos. 

En los últimos años, y viendo la considerable importancia que había ido adquiriendo el Museo, así como la creciente afluencia de público, se decidió afrontar una nueva fase de reformas, que terminó en el año 2004. En estas reformas, además de mejorar las instalaciones, se creó un sótano de dos niveles, por debajo del patio, destinado a albergar las exposiciones temporales. 

En lo referente a la colección del Museo, ésta se encuentra estructurada en dos partes, dispuestas cronológicamente. La primera, con el nombre “Del mundo antiguo al bizantino” se centra en las manifestaciones artísticas de los inicios del cristianismo en Grecia. Algunos ejemplos de lo que puedes encontrar son restos de tallas de piedra o mosaicos recuperados de algunas basílicas destruidas. A nivel de contenido, en esta sección del Museo podrás observar cómo, progresivamente, y sin ningún tipo de pudor, los motivos y símbolos paganos fueron integrados en el cristianismo. Buenos ejemplos de ellos son las obras escultóricas Pastor llevando un cordero, o Orfeo tocando la lira, que se presentan como escultura religiosa.

La segunda parte de la exposición se centra en el periodo comprendido entre el siglo VI y la caída de Constantinopla, en 1453. Recibe el nombre de “El mundo bizantino” y recoge una vasta colección de obras maestras en todo el esplendor de la época. 

Una de las partes más destacadas de esta sección es la original recreación, en el interior del museo, de la planta de la iglesia de Episkopi. Así, los frescos que allí se encontraban se disponen en una sala del mismo modo que estaban colocados en los muros de la iglesia, con planta de cruz cuadrada, nártex y cúpula. Los iconos, el modo como se llama a las imágenes religiosas en el arte de Bizancio, son la estrella de esta parte de la colección. Entre ellos, fíjate en los de San Jorge y en los de la Virgen, realizados en mosaico y datados en el siglo 13, o en el bello y bien conservado icono de San Miguel, del siglo 14.

Otros objetos religiosos, como estelas funerarias y piezas de vestuario se exponen entre las arcadas del interior del edificio. El Tesoro de Mytilene, por ejemplo, es uno de los más lujosos, ya que incluye monedas y copas recuperadas de un barco hundido en el siglo 7, así como joyas de plata y oro. 

Quizá la etapa bizantina griega no es tan reconocida mundialmente como la época clásica, pero, sin embargo, tiene una relevancia extraordinaria, a nivel artístico. De entre los itinerarios turísticos que ofrece la ciudad, la ruta bizantina es una de las más reclamadas, y este museo debe ser una parada obligatoria. Así que, entre iglesia e iglesia, adéntrate en la paz de este palacio y disfruta de las fantásticas piezas de su colección. 

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