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Palais Royal

Palais Royal (23)

El Palacio Real es la residencia oficial de los reyes en la capital, pero has de saber que, de hecho, los monarcas viven prácticamente siempre en el Palacio de Laeken, por considerarlo mucho más acogedor. A pesar de esto, te encuentras frente al edificio más trascendente de los que rodean el Parc de Bruxelles y uno de los más importantes de la ciudad. 

Antiguamente aquí se alzaba la residencia de los duques de Brabante, que alojó a gobernantes como Felipe el Bueno y Carlos V, pero, en el año 1731, un incendio arrasó el lugar. Se cree que la culpa de dicho incendio fue de los cocineros del palacio, quienes estaban tan distraídos elaborando mermelada que no se percataron de las llamas. Además, debido a las bajas temperaturas del invierno belga, el agua estaba congelada y, aunque los habitantes de la ciudad intentaron sofocar el fuego con cerveza, nada pudo hacerse para salvar la edificación.

Así las cosas, la construcción de este nuevo palacio comenzó en la década de 1820, siguiendo los planos originales del arquitecto Ghislain-Joseph Henry, quien falleció antes de concluir las obras y tuvo que ser sustituido por Van der Straeten, primero, y Franciscus Suys después. Más tarde, ya en el siglo XIX, el rey Leopoldo II ordenó la ampliación y remodelación del palacio, completando gran parte de la fachada exterior, y durante todo el siglo XX se continuaron incorporando y restaurando elementos.

Antes que nada, ten en cuenta que el Palacio Real tan sólo está abierto al público de julio a septiembre, así que si tu viaje se realiza en otra época del año, desgraciadamente te perderás el poder disfrutar de las elegantes estancias de este lugar.

En cambio, si tienes la oportunidad de visitar su interior, lo primero que te llamará la atención será el impresionante vestíbulo, decorado con una serie de bustos, y la hermosa escalinata de honor, una de las mejores obras de Balat. Y de entre las fastuosas estancias que aquí encontrarás, te destacamos, en primer lugar, los dos salones blancos, con mobiliario rococó de finales del siglo XVIII y grandes arañas de cristal iluminadas con velas. 

También destacan el Salón del Pensador, que se convierte en capilla ardiente cuando fallece algún miembro de la familia real, y el Salón de los Espejos, impresionante estancia donde los reyes celebran los actos ceremoniales.  

Pero, por encima de todas estas salas, sobresale el Salón del Trono. Dividida en tres partes, esta estancia destaca por su originalidad y por su decoración grandilocuente. Mención especial merecen las enormes columnas, las 28 arañas de cristal y los grandes candelabros, así como el bajorrelieve realizado por Rodin que decora una parte de la pared central. 

Por cierto, aparte de todo esto, y por si no has podido visitar el interior del palacio, recuerda que todos los días a las 2 del mediodía se celebra el tranquilo ceremonial del cambio de guardia.

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