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Duomo

Duomo (2)

“Vamos a construir una catedral tan elevada y de tan pródiga magnificencia que sea incomparable y que su hermosura y tamaño no sea nunca superada por el poder o la industria de los hombres”. Esto es lo que decía el edicto dictado en el año 1294 acerca de la construcción de esta magnífica obra arquitectónica. Y aunque hoy en día sus dimensiones han sido superadas por otras cuatro edificaciones (San Pedro en Roma, San Pablo en Londres, la catedral de Sevilla y el Duomo de Milán), lo cierto es que durante muchos años ésta fue la mayor catedral del mundo. 

Pero el primer edificio construido en este lugar no fue el Duomo, cuyo nombre oficial es Santa Maria del Fiore, sino la antigua Basílica de Santa Reparata. Y fue en el siglo XIII, una época muy próspera para la ciudad, cuando se decidió que Florencia merecía una construcción que estuviera a la altura de las circunstancias y que superara a las catedrales de Siena y Pisa. 

Y para esta ardua labor se pensó en el gran arquitecto Arnolfo di Cambio, quien tomó las riendas del proyecto en el año 1294. Pero éste no pudo ver completada su obra, ya que falleció seis años más tarde y fue sustituido por Giotto di Bondone primero y Francesco Talenti después. Finalmente, la edificación concluyó en el año 1436, cuando fue consagrada por el papa Eugenio IV. 

Para disfutar bien de la espectacular belleza del Duomo, te proponemos que lo hagas con tranquilidad. Y qué mejor que sentarte a tomar algo en alguna de las terrazas de la plaza para poder tomarse un tiempo contemplando su fachada y el ambiente que la rodea. Y es que los alrededores de la catedral están repletos de artistas callejeros, vendedores de postales y, sobretodo, multitud de turistas que vienen a visitar el que ya se ha convertido en el símbolo de Florencia.

Verás que su fachada destaca por su vistosa decoración de mármol en varios colores: verde de Prato, blanco de Carrara y rojo de Maremma. Además, has de saber que su construcción no fue sencilla, ya que la fachada original ideada por Di Cambio no llegó a terminarse y permaneció inconclusa durante varios siglos. Finalmente fue retirada y, tras algunos intentos de reconstrucción y la convocatoria de algunos concursos, fue terminada en el año 1887 por Emilio de Fabris. 

Pero sin duda el elemento más representativo del Duomo es su gigantesca cúpula, una obra sublime de ingeniería medieval. Y es que, por aquel entonces, nadie sabía cómo construir una cúpula de tales dimensiones y altura, ya que el sistema empleado hasta ese momento resultaba inútil. Al final, el proyecto fue encargado a Filippo Brunelleschi, quien llegó a viajar a Roma para estudiar el método de edificación usado en el célebre Panteón. De este modo, el artista propuso una solución basada en la tecnología clásica romana: construir un doble revestimiento y una armadura formada por ocho nervaduras directrices y dieciséis menores. Esto, unido a algunos anillos horizontales, permitió que la cúpula se fuera sosteniendo a medida que se iba elevando. 

La construcción de esta cúpula comenzó un 7 de agosto del año 1420 y se terminó 16 años más tarde. Y para valorar como es debido esta maravillosa obra debes subir hasta su linterna. Eso sí, te recomendamos que programes tu visita por la mañana, cuando todavía estés descansado, ya que la ascensión se realiza a través de una escalera en espiral de 464 escalones. De todos modos, las vistas que encontrarás una vez llegues arriba compensan todo el esfuerzo. 

Tan grande es la hazaña que realizó Brunelleschi que, aunque encontrarás varias obras conmemorativas en la catedral, él es el único que tuvo el honor de ser enterrado en este lugar. Además, como homenaje, no se ha construido en Italia desde aquel entonces ningún otro edificio que supere la altura de esta cúpula. Una cúpula cuyo interior verás que está decorado con frescos del “Juicio Final” realizados por Vasari y terminados en el año 1579. 

Y, una vez dentro del Duomo, probablemente te llame la atención la sencillez y austeridad del recinto. Esto se debe a que, en su momento, fue despojado de todas las ofrendas y elementos decorativos para dejar sólo la ornamentación propia de la estructura del edificio. Así que en este templo capaz de albergar unas 10.000 personas encontrarás pocos elementos dignos de mención. De entre todos ellos destacan los dos grandes frescos con las imágenes ecuestres del mercenario inglés Sir John Hawkwood y de Niccolò da Tolentino. 

Además, en el muro oeste también hallarás un reloj obra de Paolo Uccello, que data del año 1443 y que marca la Ora Italica, vigente hasta el siglo XVIII y por la cual el día termina cuando se pone el sol. 

Presta también atención a “La tumba del obispo Antonio d’Orso”, situada a la derecha del pórtico central, así como a la denominada “Nueva sacristía”. En ella se refugió en el año 1478 Lorenzo el Magnífico después de que los Pazzi intentaran, sin éxito, asesinarle durante la misa mayor, en una tentativa de arrebatar el poder a los Médicis. 

Así que no lo dudes, éste es el lugar más importante de Florencia, la viva representación de la importancia que tuvo esta ciudad y el sitio por el que la mayoría de visitantes comienzan su recorrido turístico. Suponemos que tú no querrás ser menos. 

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