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Historia de la ciudad de Praga

Historia de la ciudad de Praga (1)

Praga, la joya de Europa central, con sus innumerables palacios y sus pintorescas callejuelas se alza majestuosa y llena de historia en el corazón de Bohemia. Construida a lo largo del río Moldava, sus 18 puentes comunican ambas orillas de una ciudad donde modernidad y tradición se dan la mano.

El entramado gótico de la Ciudad Vieja, la elegancia moderna de la Ciudad Nueva, el convulso pasado del barrio judío, las pacíficas calles de Malá Strana y la monumentalidad del Castillo son la garantía un viaje lleno de contrastes. Por otra parte, la intensa vida cultural y artística de Praga te asegura que siempre habrá una exposición que ver o un concierto que escuchar en alguna de sus innumerables iglesias y ocasionales salas de conciertos. Pero no temas, también hay tiempo y lugar para las compras, la gastronomía o el placer de descansar en alguno de sus deliciosos cafés.

El mito de la fundación de Praga habla de Cech, antepasado de los checos, y de la princesa Libuse. Pero Libuse no sólo era princesa, sino hechicera y profetisa. A ella se le atribuye la fundación del castillo de Praga con la visión de que ahí se alzaría una ciudad cuya gloria había de llegar hasta las estrellas. El lugar de la fundación no debía ser elegido al azar. Libuse mandó a sus soldados adentrarse en el bosque hasta encontrar a un hombre que estaría tallando una puerta. Y dado que hasta los más poderosos inclinan la cabeza para atravesar una puerta baja, la ciudad debía llamarse “Prah”, que precisamente significa puerta.

Dice la leyenda que al ascender al trono, Libuse fue obligada a casarse. De nuevo mandó a sus hombres en busca de un campesino que estaría arando la tierra con dos bueyes. Este hombre, cuyo nombre era Premysl, se casó con la princesa calzado con un par de sandalias para que nadie olvidara sus orígenes humildes. Y ésa sería, según la tradición, la fundación del reino de Bohemia y de la dinastía de los Premíslidas.

Aunque no carece de encanto y de tintes poéticos, los historiadores atribuyen a la fundación de Praga un origen algo distinto. Parece que ya en el siglo VI algunas tribus eslavas habitaban esta zona. Hacia el siglo IX, la dinastía de los Premíslidas inició la construcción del Castillo de Praga y del castillo de Vysehrad. A partir de entonces, casi toda la población se trasladaría a vivir entre las dos construcciones, sobre todo en la zona que hoy llamamos Malá Strana.

Uno de los gobernantes de la dinastía Premysl fue Wenceslao, que murió a manos de su hermano y fue convertido después en santo. Aunque su mandato fue corto, su huella perdura entre los checos y es patrón de Bohemia. Las referencias a san Wenceslao se multiplican en toda la ciudad, como tendrás ocasión de comprobar.

A finales del siglo X los judíos consiguieron la autorización para instalarse en Praga. Habrían de pasar casi diez siglos más hasta que se derruyeran los muros del gueto donde vivió confinada una de las principales comunidades judías del continente.

En la Edad Media, Praga ya era una ciudad de gran importancia en toda Europa. Artesanos y mercaderes encontraron en la posición privilegiada de Praga el lugar ideal para sus florecientes negocios. Mientras, la ciudad no dejaba de crecer a ambas orillas del río. En 1170 se construyó el primer puente sobre el Moldava, llamado puente de Judith en honor a la reina.

Al fin de la dinastía de los Premíslidas, fue el turno de la de los Luxemburgo. Carlos IV subió al trono para convertirse en uno de los reyes más sabios y emprendedores de toda la historia de Praga. Ninguna empresa parece demasiado grande o arriesgada para este soberano visionario, que fundó la primera universidad de Europa Central, construyó el puente que hoy lleva su nombre o emprendió la creación de la Ciudad Nueva. Pero la lista de obras y episodios relacionados con su figura nos llevaría libros enteros.

La historia de Praga no puede entenderse sin los asuntos religiosos por los que se libraron guerras sangrientas y que sacudieron todas las capas de la sociedad. En el siglo XV, el clérigo reformista Jan Hus se hizo famoso por sus críticas a la opulencia y la corrupción de la Iglesia. Sus seguidores, los llamados husitas, acudían cada día a escuchar los sermones en los que defendía la necesidad de volver a las prácticas del evangelio. Pero sus ideas no gustaron nada en Roma, donde el Papa ordenó que se le excomulgara. En 1415 Jan Hus ardió en la hoguera por hereje pero se lo ha seguido venerando durante siglos como mártir del pueblo checo.

Por otra parte, los husitas se convirtieron en una fuerza militar capaz de derrotar a las tropas del emperador católico. Sin embargo, las diferencias internas llevaron a un período de guerras, que finalizó en 1434 con la victoria del rey husita moderado Jorge de Podebrady.

En 1526 sube al trono la dinastía de los Habsburgo, la última que reinaría en Bohemia. 50 años más tarde, el excéntrico emperador Rodolfo II llegaría al poder para convertir Praga en una de las capitales del arte europeo. La pintura, la música, la alquimia o la ciencia serían mucho más importantes que la política para este soberano. Fruto de las revueltas que hubo bajo su mandato se llegaría a la Defenestración de Praga en 1618, cuando un grupo de nobles exaltados arrojó por una ventana a dos gobernadores católicos.

Este episodio dio lugar a la guerra de los Treinta Años y a la imposición del catolicismo y la persecución de las demás religiones. Progresivamente, los checos fueron apartados de las instituciones, que se fueron germanizando. De esta época data la reforma barroca de numerosas iglesias de Praga.

Con la industrialización en el siglo XIX se vivió un resurgir de la conciencia nacional, cultural y lingüística checa. Todavía bajo el dominio del imperio austríaco, florecen instituciones ciudadanas de gran belleza como el Museo y el Teatro Nacional.

No fue hasta el fin de la Primera Guerra Mundial en 1918 que los checos alcanzaron la independencia política, creando junto con la vecina Eslovaquia un estado propio. El primer presidente de Checoslovaquia fue Thomás Masaryk.

Entre 1939 y 1945 Praga vivió la ocupación nazi, con trágicas consecuencias para una población formada por una gran proporción de judíos. Al final de la guerra, se declara un gobierno comunista cuya sintonía con la URSS llevaría al país a la estalinización.

En 1968 se vivió la Primavera de Praga, que fue el primer síntoma de resistencia ante la deshumanización del régimen. El movimiento fue brutalmente aplastado y las protestas culminarían en 1969 con la inmolación del joven estudiante Jan Palach en la plaza Wenceslao.

Pese al aparente control, el pueblo checo cada vez está más en desacuerdo con sus dirigentes. La oposición estudiantil y los movimientos de la resistencia llevaron hasta la caída del gobierno y la marcha de las tropas soviéticas. Fue la mítica Revolución de Terciopelo de 1989.

En 1990 se celebraron las primeras elecciones democráticas en más de medio siglo. Dos años después, el escritor y líder de la revolución Václav Havel es elegido presidente. A la vez, Checoslovaquia deshace el camino hacia sus orígenes, convirtiéndose en las repúblicas checa y eslovaca. En 2004, la república checa entra a formar parte de la Unión Europea. 

Es este carácter, joven a la vez que sabio, vibrante y en plena evolución, el que vas a tener ocasión de disfrutar durante tu estancia en Praga.

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