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Plaza de Carlos IV y alrededores (Karlovo Námesti)

Plaza de Carlos IV y alrededores (Karlovo Námesti) (49)

Si algo puede decirse del rey Carlos IV es que la ciudad de Praga sería muy distinta de no haber sido por su empeño constructivo y sus ideas sobre urbanismo. No sólo mandó construir el puente que lleva su nombre, la universidad Carolina, la catedral de San Vito o el monasterio Eslavo de Emaús, sino que también inició la edificación del Nové Mesto, traducido como Ciudad Nueva. Este nuevo complejo urbano, trazado con criterios que aún hoy se consideran modernos, absorbería el crecimiento de la ciudad durante los siglos siguientes y te depara algunos paseos muy agradables.

La plaza de Carlos IV, en el corazón de la Ciudad Nueva, es la que ocupa una mayor extensión de toda Praga, en concreto 530 metros de longitud por 150 de anchura. Originalmente fue un mercado de ganado donde también se podía comprar carbón o leña. Una vez al año, el rey Carlos IV mostraba al pueblo las joyas de la corona en una torre ubicada en el centro de la plaza.

Desde 1863, la plaza es un gran parque público donde puedes sentarte a descansar, a tomar el fresco o a pasear entre las fuentes y estatuas de escritores y científicos. Por ejemplo, puedes detenerte ante la escultura de V. Strunc, que tiene el honor de ser el descubridor de que cada huella dactilar es única e irrepetible, o ante Eliska Krasnohorská, la poetisa del siglo XIX que escribía los textos de las óperas de Smetana.

Alrededor de la plaza hay hermosos edificios, en su mayoría barrocos, que también merecen tu atención, como el Monasterio Eslavo de Emaús, fundado en 1347 por Carlos IV, o la iglesia de San Juan Nepomuceno del Peñón, del afamado arquitecto Dientzenhofer. En la parte norte de la plaza encontrarás el Ayuntamiento de la Ciudad Nueva.

En el lado este se alza la iglesia de San Ignacio. Es un templo barroco construido por la orden de los jesuitas en 1665 por Carlos Lurago. Veinte años después se le añadió la torre. En esta iglesia abunda el color dorado y los estucos, como en la fachada. Está coronada por una estatua con una aureola dorada del fundador de la orden, San Ignacio de Loyola.

El interior de esta iglesia es un festival de querubines, rayos de sol y ornamentos dorados. Este despliegue, así como la abundancia de estatuas y estucos de Tommaso Soldati, tenía como finalidad impresionar a los feligreses y conquistar sus corazones con el esplendor de la iglesia.

Otro edificio en el lado este de la plaza es el colegio, también de origen jesuita. Se trata de un imponente edificio, aunque en este caso la fachada es mucho más austera que la iglesia. Sus impulsores no repararon en gastos ni en esfuerzos, ya que para construir el colegio se derribaron hasta 23 casas y trece jardines. En 1770 Johann Joseph Wirch firmó la ampliación del edificio. Pero sólo 3 años después la orden jesuita fue suprimida y el colegio se transformó en un hospital militar. Siglos después, durante la segunda guerra mundial, fue destruido por un bombardeo aunque la reconstrucción posterior dejó el edificio idéntico a como era. En la actualidad, el colegio alberga el hospital de la Universidad Carolina.

En el lado sur de la plaza te aguarda uno de esos lugares que han hecho de Praga una ciudad vinculada a la magia negra y las ciencias ocultas. Aquí se alza nada menos que la conocida como casa de Fausto. Es una mansión barroca que perteneció en sus orígenes al príncipe Vaclav de Opava y pasó, siglos más tarde, al alquimista Edward Kelley. La suerte de Kelley fue de mal en peor: empezó como alquimista en la corte de Rodolfo II con la promesa de hallar la piedra filosofal. El monarca, cansado de esperar, lo mandó encarcelar aunque luego lo indultó. El alquimista Kelley, que ya había perdido las dos orejas en las cárceles inglesas acabó de manera oscura, no se sabe si envenenado o asesinado sin dar nunca con la fórmula mágica de la alquimia.

En el siglo XVIII esta casa fue habitada por el conde Ferdinand Mladota de Solopysky, quien también tuvo sus escarceos con la alquimia. Por este motivo, se empezó a asociar al doctor Fausto, a quien se atribuye el famoso pacto con el Diablo que le daría la inmortalidad. Por este motivo, este edificio lleva el nombre de casa de Fausto.

Cerca de la plaza de Carlos IV, está el Jardín Botánico. Pertenece a la Universidad Carolina, aunque está abierto al público. Data de 1897 y los invernaderos se le añadieron en 1938. El Jardín Botánico acoge aves exóticas y especies de plantas poco comunes, como un nenúfar gigante, llamado “Victoria Cruziana”, cuyas hojas pueden sostenerse el peso de un niño.

También por los alrededores de la plaza encontrarás la iglesia de San Cirilo y san Metodio, célebre no tanto por ser un hermoso edificio barroco como por haber acogido una historia de la resistencia anti-nazi. Este templo de origen católico fue cedido en los años 30 a la iglesia ortodoxa checa.

En 1942, unos paracaidistas que acababan de asesinar al gobernador nazi de Checoslovaquia se ocultaron en la iglesia junto a otros miembros de la resistencia. Los nazis rodearon el templo y ejecutaron a todos los que había en su interior. En el muro hay una placa que recuerda lo ocurrido. Cuando la encuentres, fíjate en lo que hay exactamente debajo. En efecto, eso que ves es lo que parece: nada menos que agujeros de bala.

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