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Plaza Wenceslao (Václavské Námeí)

Plaza Wenceslao (Václavské Námeí) (47)

El destino que la historia ha reservado para la plaza Wenceslao dista mucho de aquel antiguo mercado de caballos que se ubicaba en esta inmensa extensión, de nada menos que 750 metros de longitud por 60 de ancho. En efecto, éste ha sido el corazón político de la ciudad, donde se han fraguado revueltas y manifestaciones, además de ser la caja de resonancia del sentir ciudadano durante siglos.

La plaza Wenceslao fue construida por Carlos IV como una de las tres plazas de la Ciudad Nueva. Las tres están unidas por calles transversales que parecen dibujar una cruz. Pero no fue hasta la revolución de 1848, con el despertar del nacionalismo checo, que recibió el nombre de San Wenceslao, patrón de Bohemia.

Una vez hayas recorrido la plaza y tu vista se haya deleitado con la espectacular fachada del Museo Nacional, puede que te cueste imaginar que en su lugar se alzó, hasta 1890, la llamada Puerta de los Caballos, que formaba parte de la muralla.

Todos los capítulos importantes de la historia de los dos últimos siglos han tenido algún acontecimiento de importancia relacionado con esta plaza. Por ejemplo, aquí tuvieron lugar las manifestaciones a favor de la independencia en 1918 o en contra del nazismo en 1938. También se celebró la fiesta de la Liberación al fin de la segunda guerra mundial.

Pero seguramente uno de los momentos más tensos jamás vividos aquí fue el abucheo a los tanques rusos en 1968, cuando cientos de checos intentaron detener su avance durante la célebre Primavera de Praga. Enfrentamientos y sentadas tuvieron su trágico colofón en 1969, cuando el estudiante Jan Palach, de 22 años, se inmoló rociándose con gasolina al pie de la estatua de Wenceslao en protesta por la durísima represión. Un monumento recuerda a este estudiante y a todas las víctimas del comunismo.

Viendo que la plaza Wenceslao era el escenario idóneo para las manifestaciones, las autoridades decidieron trazar una autopista interurbana que la cruzara. Fue en vano, ya que en los años ochenta se repitieron las concentraciones que conducirían a la Revolución de Terciopelo y a la caída del comunismo. Pese a sus grandes dimensiones, la plaza se quedó pequeña para acoger a las multitudes que vinieron a escuchar a los que serían los futuros líderes polítcos.

Un paseo detenido al pie de sus casas te revelerá que éste es un lugar que nunca pasa de moda y que concentra locales nocturnos, restaurantes, tiendas y hoteles. También cuenta con magníficos edificios representativos de algunos de los mejores momentos del arte checo en el siglo XX, cuando el espacio fue remodelado.

Uno de los puntos centrales de la plaza es la estatua a caballo de San Wenceslao, que data de 1912 y es obra de Václav Mylsbek. Alrededor de Wenceslao, otros santos patronos de Bohemia parecen hacer guardia: son santa Ludmila, san Procopio, san Adalberto y santa Inés. Debajo de la estatua, un pequeño memorial espontáneo de velas siempre encendidas conserva la memoria de Jan Palach y de las víctimas del comunismo.

El palacio Koruna, de 1914, es obra de Antonín Pfeiffer y es muy representativo del gusto por la arquitectura oriental tan de moda a finales del siglo XIX. Hoy en día aloja tiendas y despachos pero todavía puede verse en lo alto del torreón una corona de piedra que da nombre al edificio.

Junto al palacio Koruna, el edificio de las Assicurazioni Generali tiene el honor de haber sido el lugar de trabajo de Franz Kafka.

El Hotel Europa, el más famoso de la ciudad, conserva todo su sabor modernista tanto en la fachada como en el interior, de 1906.

En una de las esquinas se alza la Ópera Estatal que, pese a haber sido reformada en los años ochenta, mantiene la rica decoración interior que la hizo famosa en el siglo XIX. 

La presidencia de la plaza es, sin lugar a dudas, para el edificio del Museo Nacional, construido en 1890 en lo alto de una fabulosa escalinata.

La casa Wiehl lleva el nombre de quien fue su arquitecto en 1896, Antonín Wiehl. Le dio un aire neorrenacentista y en su fachada no faltan los esgrafiados y los frescos con episodios nacionales y figuras modernistas de Mikulás Ales.

En la cercana plaza Jungmann se alza el palacio Adria, que acogió las reuniones celebradas por el Foro Cívico del futuro presidente Václav Havel en la época de la Revolución de Terciopelo.

En la plaza Wenceslao también encontrarás un lugar para lo religioso como es la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves. Se alza sobre un antiguo templo gótico, del que conserva una parte.

Si con tanto paseo te ha entrado sed, no temas, porque hemos reservado para el final la popular cervecería U Pinkasu. En sus mesas se despachó por primera vez, con un éxito que dura hasta el día de hoy, la primera cerveza Pilsner Urquell.

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