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Historia

Historia (1)

Desde el siglo II, la zona donde hoy se encuentra Singapur ha vivido una gran actividad comercial por donde malayos, chinos e indios navegaban a su paso por el estrecho de Malacca.

Una antigua leyenda nos cuenta como en el siglo XIII el príncipe Sri Tri Buana, conocido también como Sang Nila Utama, creyó ver una extraña criatura con forma de león desde su embarcación, por lo que aquí fundó un poblado llamado Singapura, que significa ciudad de leones en sánscrito, una lengua clásica de la India.

Excavaciones arqueológicas recientes, en especial la realizada en Fort Canning Park, han demostrado la existencia de una zona de gran actividad comercial en la isla, que fue visitada por chinos, javaneses e incluso por el Imperio Mogol durante el siglo XIV.

Hacia finales del mismo siglo, el príncipe Parameswara huyó hacia aquí tras ser derrocado por el Imperio Majapahit de la isla de Java y gobernó la isla varios años hasta ser expulsado a Malaca, donde fundó el Sultanato de Malaca a principios del siglo XV.

Gracias a este Sultanato y al de Johore, Singapur pasó a ser un importante puerto comercial que, desgraciadamente, fue incendiado por piratas portugueses en 1613 y quedó prácticamente desaparecido del mapa. Desde entonces, los europeos fueron colonizando la península malaya. En el siglo XVI, portugueses. En el XVII, los holandeses, quienes consiguieron hacerse con el monopolio comercial del archipiélago, ya que tenían el control de todos los puertos y exigían elevadísimos aranceles. 

Por eso, ya en el siglo XIX, apareció un personaje británico que cambiaría la historia. Thomas Stamford Raffles comenzó a explotar la ruta comercial entre China y la India británica y, para hacer frente a los holandeses, convenció a el gobernador general de la India y a la propia Compañía Británica de las Indias Orientales para financiar la construcción de un nuevo puerto en el estrecho de Malaca. 

Raffles desembarcó en Singapur el 29 de enero de 1819 y encontró aquí una pequeña aldea malaya dirigida por Temenggong Abdu'r Rahman. En ese momento, la isla se encontraba casualmente en un momento políticamente delicado, lo que favoreció los intereses del británico. Aquí gobernaba Tengku Rahman, Sultán de Johore, aunque estaba perdiendo poder en la zona, ya que Temenggong Abdu'r Rahman y sus oficiales eran fieles al exiliado Tengku Hussein, hermano mayor de quien mandaba. Por eso, a Raffles le resultó relativamente fácil convencer a Tengku Hussein para que volviera a la isla y reconocerle verdadero Sultán de Johore, a cambio de una renta anual, la cesión de unos terrenos y el permiso para construir un puerto comercial.

Así, el 6 de febrero de 1819 se firmó un tratado que significó el nacimiento de la Singapur moderna.

Raffles quería un puerto libre. La noticia corrió rápidamente y pronto comerciantes árabes y chinos acudieron para evitar los impuestos de los puertos holandeses. Por ejemplo, en 2 años la población aumentó de unas centenas a 5.000 habitantes. Y en 4 años más ya eran 25.000 personas. Pero Raffles no quería una ciudad desorganizada. Por eso, a partir de 1822 se encargó de redactar la política que regiría en la ciudad. Por ejemplo, nada de juegos de azar, nada de venta de opio e incluso el famoso Plan Raffles con el que dividía la ciudad en diferentes barrios étnicos.

El 7 de junio de 1823, Raffles firmó un nuevo tratado con el Sultán y Temenggong con el que extendía la posesión de la isla al Imperio Británico, a cambio de derechos administrativos y cierta remuneración mensual vitalicia, lo que ha permitido que la isla fuera gobernada por los británicos pero mantuviera sus raíces.

Pronto Singapur se convertiría en un importante puerto comercial, lo que ayudó al Tratado anglo-holandés de 1824 que dividía el archipiélago Malayo. La región del norte del Estrecho de Malaca estaría bajo dominio británico y lo que viene a ser la actual Indonesia, bajo dominio holandés. En 1826, Singapur, Penang y Malaca se unieron para formar los Straits Settlements o Colonias Británicas de los Estrechos.

Ser un puerto libre, la llegada del barco de vapor, la apertura del mercado chino, la producción de caucho e incluso la apertura del Canal de Suez ayudaron a Singapur a convertirse en uno de los puertos más importantes de todo el sudeste asiático. Para cuantificarlo, podemos decirte que ya en el año 1880 por aquí pasaban más de 1,5 millones de toneladas de mercancías al año. Todo un récord.

Ya en el siglo XX, la guerra del pacífico se inició a raíz del ataque de Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941. Un día después, los japoneses se lanzaron a la conquista del sudeste asiático y desembarcaron en el norte de lo que hoy es Malasia. Otros dos días más tarde el acorazado británico Prince of Wales y el crucero de batalla Repulse, enviados para defender Singapur, se hundieron y el portaaviones Indomitable no llegó a dar apoyo aéreo a causa de una avería. Sin duda, fue la derrota marina británica más notable de toda la Segunda Guerra Mundial. Después, Singapur y la península malaya sufrieron ataques aéreos constantes, incluso a zonas civiles.

Los japoneses nombraron Syonan-to a Singapur, que significa luz de la isla sur. La ocupación duró hasta 1945, cuando el 12 de septiembre el general japonés Seishiro Itagaki se rindió a Lord Mountbatten y finalizó de este modo la Segunda Guerra Mundial en Singapur. 

La desastrosa defensa británica ofrecida a Singapur les rebajó cualquier credibilidad como gobernantes y en los años de posguerra comenzaron a aparecer signos antiimperialistas y nacionalistas. De esta época es conocido el eslogan Merdeka, que en malayo significa independencia.

Poco a poco, Singapur comienza a conseguir altos niveles de autogobierno hasta que el 9 de julio de 1963 se anexiona a la Federación de Malasia para formar Malasia, aunque esta unión duraría bien poco. Exactamente 2 años y 1 mes. Así, el 9 de agosto de 1965 Singapur se convierte en una república independiente.

Hoy, Singapur es una ciudad-estado envidiada por todos. En sus 630 kilómetros cuadrados encierra una mezcla de culturas única donde puedes subirte a la noria más grande del mundo, admirar rascacielos firmados por Norman Foster, disfrutar de espectáculos de prestigio internacional, visitar un antiguo búnker de la Segunda Guerra Mundial, vibrar con la fórmula 1 de noche, ir de compras hasta caer rendido, degustar una cultura culinaria multi-étnica y hasta conocer el recién inaugurado primer edificio singapurense de emisión cero.

Aunque seguramente, lo que más te sorprenda es observar y conocer a su gente, que, orgullosa de sus raíces, configura una mezcla malaya, china, india, árabe y europea que vive en perfecta armonía. Y es que en sus calles se mezclan las mezquitas con los templos hindús, las iglesias con los templos budistas, las tiendas de electrónica con los adivinos, las firmas de moda internacionales con los sastres tradicionales, los restaurantes más chic con los bares árabes para fumar en sheesha, etc. Y todo, con un ritmo de crecimiento vertiginoso, con un PIB de los más altos de todo Asia, con una limpieza ejemplar en sus calles y con un bajísimo índice de delincuencia.

Quizás por eso, más de 7 millones de turistas la visitan cada año. Y es que seguramente, cuando te vas de Singapur, ya estás pensando en cuándo volver.

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