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Raffles Hotel

Raffles Hotel (38)

Desde su construcción a finales del siglo XIX, este hotel se ha convertido en un verdadero icono de la ciudad. Y es que pocos hoteles de más de un siglo pueden vanagloriarse de haber cuidado tantísimo los detalles y haber tenido tan distinguidos huéspedes.

Más allá de sus suites, sus salones o su spa, el Hotel Raffles tiene una gran historia detrás. Fueron cuatro hermanos armenios -Martin, Tigran, Avier y Arshak Arkies- los que fundaron este hotel en 1887. Al principio, apenas eran 10 habitaciones frente al mar, propiedad del comerciante árabe Syed Mohamed Alsagoff, pero pronto fueron a más, muchas más. Diseñado por el arquitecto Alfred John Bidwell de la firma Swan and Maclaren, el actual edificio se completó en 1899, y ha seguido ampliándose con el pasar de los años con un salón de baile, sala de billar, un bar y, por supuesto, más edificios y más habitaciones.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en estas habitaciones se albergaron varios oficiales japoneses y cuentan que, tras la liberación de Singapur el 12 de septiembre de 1945, más de 300 militares se suicidaron entre estas paredes. Más tarde, el hotel incluso fue utilizado como un campamento temporal para prisioneros de guerra. Aún así, el hotel sobrevivió a todos estos percances y en 1987 fue declarado monumento nacional, lo que lanzó a los dueños a afrontar una grandísima y carísima restauración que duraría de 1989 hasta su reapertura el 16 de septiembre de 1991.

Para conocer todos estos detalles en profundidad, te recomendamos la visita del Museo del Hotel Raffles, de entrada gratuita. Fotografías antiguas, piezas únicas en plata, objetos de sus huéspedes más célebres, cartas manuscritas, postales de antaño, ... además de un sinfín de instantáneas de los famosos que por aquí han desfilado, entre los que se incluyen Joseph Conrad, Rudyard Kipling, Charles Chaplin, Ava Gadner o Elizabeth Taylor.

Si, como ellos, tienes la suerte de alojarte en este hotel, habrás podido comprobar el lujo en mayúsculas. Desde el famoso y exótico Sikh que te abre la puerta de la entrada, hasta una sala de teatro diseñada por el prestigioso Charles Cosler de Nueva York. Todo está cuidado hasta al máximo nivel de detalle.

Y si tu hotel no es este, te recomendamos que, como mínimo, te acerques a su Long Bar para pedirte el cocktail clásico de la ciudad, nacido aquí: el Singapore Sling. Ginebra, brandy, cointreau, granadina, zumo de piña y limón y algún toque más. Además, es casi norma de la casa acompañarlo de unos cacahuetes, cuyas cáscaras puedes tirar al suelo tranquilamente. Sí, al suelo. En una ciudad donde arrojar un cigarrillo a la calle es gravemente multado, esta costumbre del Raffles es otro claro ejemplo de las excentricidades de los ricos.

Por último, y si tu bolsillo te lo permite, acércate a su tienda y cómprate algún souvenir. Porque si has estado aquí, tendrás que contarlo.

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