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Murano

Murano (48)

Murano, a unos minutos de distancia en vaporetto, es una de las visitas más populares entre los turistas dada su enorme tradición ligada a la industria del cristal y del vidrio. En esta pequeña Venecia, formada por minúsculos islotes unidos también por puentes, tendrás la oportunidad de presenciar demostraciones de los artesanos que todavía se dedican a la técnica artesanal del soplado del vidrio. Eso sí, será casi imposible que vuelvas con las manos vacías, porque la belleza de las piezas que se ofrecen está a la altura de las técnicas persuasivas de sus vendedores.

La arraigada tradición del vidrio se remonta al siglo XIII, cuando hubo un trasvase de artesanos desde la ciudad hasta este vecino punto de la laguna. De hecho, en Venecia los vidrieros habían comenzado a desarrollar su actividad tres siglos atrás, y se habían organizado en corporaciones.

La importancia que adquirió este colectivo fue tal que se podría decir que, tras haber empezado a vender su producción en el extranjero en el siglo XIV, durante los dos siglos que siguieron Murano estuvo a la cabeza de la producción de vidrio de toda Europa, tanto por calidad como por cantidad.

El vidrio veneciano era conocido en el exterior por su extrema delicadeza, y los artesanos encargados de crearlo se esforzaron por experimentar, lo que les granjeó el prestigio de haber inventado nuevos materiales, como el vidrio esmaltado, y de dominar con arte la creación de complejos objetos, como las arañas que colgaban en los techos de los más lujosos palacios.

Fiel testimonio de la obra de estos artistas es el Museo Vetrario, que se encuentra en el Palazzo Giustinian. Aquí no sólo encontrarás antigüedades, sino que podrás hacerte una idea de la evolución en las técnicas y los gustos a lo largo del tiempo, llegando a las piezas contemporáneas e incluso a las fabricadas con métodos industriales. Entre las más bellas muestras del arte del vidrio se encuentra la copa de boda Barovier, de color azul oscuro y decorada con la efigie de los esposos que la encargaron.

La fundación de este Museo del Vidrio fue, junto al empeño de algunas antiguas familias relacionadas con esta industria, como los Barovier, los Toso, los Seguso o los Salvati, lo que salvó este sector en el siglo XIX, ya que la competencia de otros centros de producción europeos, como por ejemplo Bohemia, habían perjudicado severamente su sostenibilidad.

Si deseas completar tu excursión, puedes acercarte a alguno de los palacios del lugar, como el Palazzo da Mula o el Palazzo Trevisan, aunque es especialmente recomendable la visita a la Basilica dei Santi Maria e Donato, una verdadera joya tanto por su extrema belleza como por ser una de las más antiguas de toda la laguna. Se dice que fue fundada en el siglo VII por los primeros inmigrantes de tierra firme y fue dedicada a Maria, pero hacia 1125 tomó el nombre de San Donato al transportarse allí el cuerpo del Santo desde Cefalonia.

Es un ejemplo muy interesante de unión entre el románico occidental y el mundo bizantino. Sus influencias orientales se aprecian particularmente en el ábside, donde podrás apreciar un interesante juego de formas y colores. El pavimento interior data del año 1141 y se caracteriza por sus formas geométricas, pájaros exóticos y otras figuras aún no descifradas decoradas con vidrios policromados fabricados en la isla. Sin duda, es una de esas piezas arquitectónicas que nos dejan entrever cómo debía ser la vida de antaño en Venecia, con esa mezcla única entre oriente y occidente.

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