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Palazzo Grassi

Palazzo Grassi (26)

Erigiéndose con el honor de ser, cronológicamente, el último de los grandes palacios construidos antes del fin de la República que convierten Venecia en el enorme catálogo de arquitectura que es, el Palazzo Grassi, con su sublime fachada revestida de mármol blanco, saluda al visitante desde el Gran Canal.

Los Grassi, originarios de Chioggia, entraron a formar parte del exclusivo club de la aristocracia veneciana a principios del siglo XVIII, cuando aportaron importantes sumas de dinero para sufragar los gastos de las costosas guerras contra los turcos.

Como toda familia de la nueva nobleza, necesitaban su propio buque insignia, por lo que encargaron el diseño de su ostentosa residencia al arquitecto Giorgio Massari, autor de otro gran palacio, Ca’ Rezzonico, y de la iglesia de I Gesuati. Decorado con frescos y estucos obra de autores como Michelangelo Morlaiter, Giambattista Tiepolo o Fabio Canal, el edificio alberga en el jardín un teatro al aire libre.

A diferencia de la mayoría de edificios de esta naturaleza, que están dominados por el gótico veneciano o las formas barrocas, Massari optó por conferir a la residencia de los Grassi unas líneas clásicas de suma perfección. Se calcula que los trabajos de construcción podrían haber comenzado en la década de 1740 y que seguramente fueron terminados hacia 1772, algunos años después de la muerte de Massari. Las malas lenguas dicen que el arquitecto se encargó de incluir en el proyecto algunas escaleras secretas, que permitirían a los amantes dar rienda suelta a sus aventuras.

El Palazzo Grassi continuó en manos de la familia hasta 1830, año en que empezó a cambiar de dueños. Durante las siguientes décadas sería una residencia particular, un hotel e incluso alojaría unos baños.

El cambio más significativo se produjo en 1984, cuando la empresa italiana FIAT adquirió el palacio y, tras una restauración conducida por Gae Aulenti y Antonio Foscari, lo convirtió en un centro dedicado a actividades culturales. Por encima de todo, de esta reciente reconstrucción destaca la priorización de la luz natural, que a través de unos ventanales inunda el patio central.

En 2005, el Palazzo Grassi pasó a manos del millonario francés François Pinault, un conocido coleccionista de arte. Pinault le confió al prestigioso arquitecto japonés Tadao Ando una nueva reforma, que, aunque respetó en gran medida el espíritu original de la estructura, le confirió al edificio un carácter minimalista, y por tanto lo convirtió, gracias a este contraste, en un espacio idóneo para albergar las colecciones de arte contemporáneo de Pinault.

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