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Cripta Imperial de Viena (Kaisergruft)

Cripta Imperial de Viena (Kaisergruft) (24)

Cerca del complejo de Hofburg se encuentra esta austera iglesia de los Capuchinos, que precisamente por la sencillez y austeridad que imponían las normas de esta orden fue elegida en el siglo XVII por el emperador Matías y la emperatriz Ana para ubicar una cripta imperial.

La llamada Kaisergruft se encuentra bajo la iglesia, y en sus 10 cámaras se hallan los restos de 149 miembros de la dinastía de los Habsburgo, que empezaron a ser enterrados aquí en 1633.

En total, más de 100 sarcófagos que contienen los cuerpos de personas reales y aristócratas, incluyendo 12 emperadores y 19 emperatrices. Los entierros se han venido celebrando en la Cripta Imperial hasta nuestros días: En 1989, Zita, la última emperatriz austriaca, fue enterrada aquí. Y el 16 de julio de 2011 su hijo mayor, Otto Habsburg, y su esposa Regina encontraron también aquí su último lugar de descanso.

Entre 1654 y 1878, la tradición respecto a las exequias de los Habsburgo fue extraer el corazón del difunto y depositarlo en una urna de plata que se guardaba en otra cripta, la de la iglesia de los Agustinos. En algunos casos también extraían otros órganos y los ponían en urnas de cobre que permanecían en la cripta de la catedral. Después se procedía a celebrar el solemne funeral en la Stephansdom, para, finalmente, llevar el cuerpo al mausoleo de la Kapuzinerkirche. 

Dentro del sarcófago externo, los cuerpos se encuentran en ataúdes de madera envueltos en seda. El ataúd, por lo general, tiene dos cerraduras: una llave es custodiada por el guarda capuchino de la cripta, mientras que la otra está guardada en la Schatzkammer del Palacio Imperial de Hofburg, es decir, en la Cámara del Tesoro.

Las tumbas por lo general suelen ser muy sencillas.

Hasta 1700 el material más común para los sarcófagos fue una aleación parecida al bronce, cubierta de laca. Las espléndidas tumbas de la época barroca y rococó son de bronce verdadero, material mucho más caro. El reformista emperador José II decretó una simplificación de las tumbas, empleándose cobre, pero de mayor ligereza y más barato. En los años posteriores fue adoptada una mezcla de cobre y bronce, así como plata. Sólo un sarcófago, el del emperador Francisco José I, está hecho en piedra en vez de en metal.

De entre todos los sepulcros, tal vez el más destacado por su valor artístico es el de María Teresa y su esposo, el emperador Francisco I, que es obra de Balthasar Ferdinand Moll. Otra de las importantes obras de Moll es la truculenta tumba de Carlos VI, en la que destaca una calavera ataviada con la corona del Sacro Imperio Romano Germánico.

Frente a los recargados monumentos rococó obra de Moll, otros sepulcros, como el de José II, destacan por su sencillez. Otros sarcófagos sobresalen por su valor sentimental, como por ejemplo el más visitado: el de la famosa Emperatriz Sisí, en el que los visitantes suelen depositar flores, a menudo con los colores de la bandera húngara: verde, blanco y rojo. 

Francisco José, marido de Sisí, murió en 1916 y fue el último emperador enterrado en la cripta.

A lo largo de los siglos, la humedad constante, las variaciones en la temperatura, y la afluencia de visitantes, provocaron un gran deterioro a los sarcófagos. Pero se han efectuado varios esfuerzos de restauración el primero en 1956 cuando se creó un espacio adicional y se precedió a deshumidificar la cripta. Y más actualmente, en 2003 que se hizo la cripta accesible a los minusválidos y el recorrido también fue modificado para que los visitantes pudieran ver las tumbas según la secuencia histórica.

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