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Iglesia de San Carlos Borromeo (Karlskirche)

Iglesia de San Carlos Borromeo (Karlskirche) (50)

Durante tu visita a Viena te darás cuenta de que gran parte de los magníficos edificios barrocos de la ciudad son obra de un incansable artista llamado Johann Fischer von Erlach. La Karlskirche no es una excepción. Muchos la consideran la más sublime iglesia barroca de la ciudad.

La Karlskirche nació con dos objetivos. Por un lado, el emperador Carlos VI hizo la promesa que cuando la ciudad se viera libre de la terrible epidemia de peste de 1713 erigiría un templo votivo dedicado a San Carlos Borromeo. Antiguo arzobispo de Milán y conocido patrono de la lucha contra la epidemia. Por otro lado, es una glorificación de la fe católica que tanto defendieron los monarcas de la dinastía de los Habsburgo, algo que también conecta con el patrón de la iglesia, ya que fue un destacado luchador contra la Reforma. 

Dominada por una estética ecléctica, que aúna elementos clásicos reminiscentes de la arquitectura griega y romana con partes que muestran una clara influencia de Oriente, las obras para construir la Karlskirche empezaron en 1716 y terminaron en 1737, por lo que, a la muerte de Fischer von Erlach en 1723, su hijo Joseph Emmanuel se encargó de finalizar el proyecto.

Las diferentes fuentes de las que bebe la iglesia quedan reflejadas principalmente en la fachada. 

Esta cargada de símbolos. Para glorificar la fe cristiana puedes ver a ambos lados de la escalinata dos ángeles que representan al Antiguo y Nuevo Testamento. Y encima del frontón y los pabellones laterales hay esculturas representando las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad.

De entrada, puede parecerte muy similar a las basílicas renacentistas italianas, concretamente a San Pedro de Roma. Sin embargo, si te fijas bien, Fischer von Erlach está haciendo una arriesgada apuesta arquitectónica.

La combinación estilística que está proponiendo da acceso a los fieles a través de lo que podría ser el pórtico de un templo griego, cuyo frontón obra de Giovanni Stanetti (en el que se representan los sufrimientos de los vieneses durante la peste) está rematado por una estatua del santo patrón de la iglesia. 

La gran cúpula queda enmarcada por dos columnas que no esconden su modelo, la columna Trajana de Roma. Incluso se reproduce el esquema de los bajorrelieves en espiral, que en este caso narran escenas de la vida de San Carlos Borromeo, la constancia es el tema general de la izquierda y su fuerza moral el de la derecha. Pero se percibe una clara influencia árabe pues, estas columnas están rematadas de tal manera que, en la lejanía, podrían parecer minaretes. Una segunda lectura lectura de estas columnas revelan otro símbolo con doble sentido, la del poder de los Habsburgo, pues hacen clara refencia a las columnas de Hércules que este mítico héroe construyera en el sur de España y que Carlos V colocó en su escudo de armas. Curiosamente, la Constancia y la fuerza moral “Constantia et fortitudo” era el lema de Carlos VI.

Por sorprendente que pueda parecer, es evidente que los pabellones laterales del templo remiten a la arquitectura de las pagodas chinas, algo que definitivamente encumbra a Fischer von Erlach a la categoría de genio de la síntesis de estilos.

Su interior, como cualquier iglesia barroca que se precie, ostenta una rica decoración tanto pictórica como escultórica realizada por los artistas más famosos del momento, que se adereza con hermosos mármoles policromados. 

El altar Mayor obra de Alberto Camesina, presenta un relieve de estuco con San Carlos Borromeo sobre una nube ascendiendo a los cielos y rodeado de ángeles. 

A las hermosas tallas y retablos realizados por los pintores Daniel Gran y Martino Altomonte hay que añadir los portentosos frescos del interior de la cúpula, que, aunque no lo pueda parecer de lejos, tiene forma oval. 

Se representa La Apoteosis de San Carlos Borromeo y fue pintado entre 1725 y 1730, obra de Johann Michael Rottmayr y se puede apreciar a San Carlos Borromeo y a la Virgen implorando a la Santísima Trinidad el final de la peste. Rottmayr también se encargó de los frescos situados encima del órgano, que representan el tema de Santa Cecilia entre los ángeles músicos. Presisamente este sería el último encargo que realizaría antes de fallecer el 25 de octubre de 1730.

También se puede apreciar un magnifico púlpito dorado ricamente decorado con guirnaldas de flores y dos hermosos ángeles rematando el baldaquino. Un magnífico órgano, los asientos del coro y unos preciosos confesionarios barrocos. Entre las piezas más notables del Tesoro que guarda la iglesia se encuentran las vestiduras de San carlos Borromeo y un precioso relicario de oro y plata adornado con la corona imperial y el águila bicéfala de los Habsburgo.

Aunque ha sido a veces criticada por extravagante debido a su mezcla de estilos, la Karslkirche es una pieza clave para que entiendas el desarrollo de la Viena de los Habsburgo durante los felices años que siguieron el final de la amenaza turca en 1683, y además disfrutarás de uno de los edificios barrocos más espléndidos de Viena.

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