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Sala de conciertos Musikverein de Viena

Sala de conciertos Musikverein de Viena (16)

Si eres de esas personas que cada 1 de enero se levanta, sea como sea, para poder ver por televisión el Concierto de Año Nuevo que ofrece la Orquesta Filarmónica de Viena, tal vez sería hora de empezar a planear un viaje a la ciudad por fechas navideñas. 

Eso sí, debes tener en cuenta que si quieres asegurarte una butaca en el Musikverein, el espléndido auditorio en el que se celebra el concierto, tendrás que solicitar las entradas con un año de antelación. Eso sí, no es por desanimarte, pero debido a la enorme demanda para asistir al evento, las entradas se adjudican por sorteo.

Aunque, durante el siglo XIX la Wiener Philharmoniker había interpretado obras de Johann Strauss hijo en vida del autor, el auténtico origen del Concierto de Año Nuevo se sitúa en 1929, cuando Clement Krauss empezó a dirigir conciertos cuyo repertorio se centraba exclusivamente en el repertorio de valses y marchas de la dinastía de los Strauss, especialmente de Johann Strauss hijo, el llamado Rey del Vals.

Fue en 1939, año en que el concierto se celebró el 31 de diciembre, cuando el evento empezó a adquirir una importancia simbólica, ya que las alegres a la vez que profundas piezas de la saga austríaca de los Strauss levantaban el ánimo a los asistentes, al mismo tiempo que subrayaban su orgullo nacional, deslucido en 1938 cuando se materializó la Anschluss, la anexión de Austria a la Alemania nazi.

Los conciertos, que se empezaron a celebrar el 1 de enero en el año 1941, continuaron siendo un punto de referencia para los vieneses durante toda la Segunda Guerra Mundial, y empezaron a ser llamados “Concierto de Año Nuevo” en 1946. Su gran impulsor, Clement Krauss, siguió dirigiendo la orquesta hasta su muerte en 1954, pese a un paréntesis de dos años en los que tomó la batuta Josef Krips.

A la muerte de Krauss, se tuvo que tomar la difícil decisión de encontrar un digno sustituto. Pese a las controversias, se le confió la labor a Willi Boskovsky, y en poco tiempo se vio que los responsables del concierto habían acertado. Bosvoksvy, de gran carisma, simbolizó para muchos la auténtica esencia, ya que, como hacía Johann Strauss hijo, mientras dirigía cogía su violín en los momentos álgidos y se añadía al resto de la orquesta.  Bosvovsky se encargó de las labores de dirección a partir de 1955 y hasta 1979, año en el que tuvo que abandonar el puesto por problemas de salud.

A principios de la década de los 80 ya se habían consolidado las retransmisiones televisivas que habían convertido el Concierto de Año Nuevo en un gran acontecimiento a nivel mundial. De hecho, hoy la señal del concierto se emite en más de 50 países.

De ahí que el relevo de la batuta recayese en un director de prestigio internacional, Lorin Maazel, que estuvo al frente de la orquesta entre 1980 y 1986. Al acabar este período, los músicos decidieron que sería una buena idea que cada año dirigiese la Wiener Philharmoniker un director invitado, algo que definitivamente ha añadido un plus de atractivo al concierto.

Así ha venido sucediendo hasta la actualidad, y de esta manera han pasado por el Musikverein directores de la talla de Herbert von Karajan, Claudio Abbado, Riccardo Muti o Zubin Mehta. El sólido éxito del concierto parece augurar que el público todavía tiene muchos años para disfrutar de iconos de la música vienesa como El Danubio azul o la famosa marcha Radetzky, compuesta en 1848 por Johann Strauss (padre) en honor del militar austriaco Joseph Wenzel Radetzky que en una serie de victorias, salvó el poderío militar de Austria en el norte de Italia durante la revolución de 1848-49. Esta pieza alcanzó gran popularidad como expresión del nacionalismo austriaco. 

Actualmente, la Marcha Radetzky debe su popularidad a que es la pieza con la que acaba el Concierto de Año Nuevo de Viena. Durante esta última obra el director se vuelve para dirigir al público asistente que aplaude al compás.

El edificio como puedes comprobar tiene una fachada monumental de estilo historicista. Obra de Theophil Hansen entre 1867 y 1869. Es una mezcla de estilos, con estatuas de terracota, capiteles y balaustradas buscando, así esa monumentalidad. 

Además de realizarse conciertos es la sede de la Orquestra Philarmónica de Viena y de la Sociedad Amigos de la Música.

En su interior alberga diferentes salas de conciertos, pero la más importante es la Grosse, la Grande. El edificio sorprende por la combinación de estilos: por un lado clásico y por otro una línea de lo más moderno e innovador con materiales como la madera, el metal o la piedra y mobiliario de diseño.

La sala de conciertos, una de las más hermosas y profusamente decoradas de todo Viena, dispone de una mágnifica acústica y tiene una capacidad para más de 2.000 personas, 1744 sentadas y 300 de pie. Es de forma rectangular y mide aproximadamente casi 49 metros de largo, unos 19 metros de ancho y un poquito más de 17 metros de alto.

En el techo se pueden apreciar las hermosas pinturas de August Eisenmenger que representan a Apolo y las nueve musas de la danza, la música, el canto, la poesia… rodeados de figuras alegóricas.

Y no menos hermosas son las esculturas de Franz Melnitzky que se encuentran encima del órgano y las 16 femeninas y elegantes cariátides que rodean la sala.

Sería genial que pudieras admirar toda su belleza durante un concierto pero si no, tienes la opción de visitarla, pues ofrecen tours guiados de unos 45 minutos aproximandamente. También puedes llevarte un bonito recuerdo de su tienda.

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